¿Qué es el buceo?

que es el buceo

 

La definición de buceo, según la Real Academia de la Lengua Española, es simplemente la acción de nadar con todo el cuerpo sumergido. 

¡Nada más lejos de la realidad!

Es que solo pensarlo se me vienen a la mente una cantidad de emociones y sentimientos que me va a costar ordenar y verbalizar para conseguir expresarlo. Empecemos.

Cuando alguien que no bucea, quizás tú que estás leyendo estas lineas, piensa en el buceo, es posible que te vengan a la cabeza imágenes de tiburones, de delfines o quizás te imagines a los buceadores como si fueran Ariel en la película de La sirenita. 

De La Sirenita hablaremos más en profundidad en otro momento, porque sin esa gran película de Disney puede ser qué Caballito Salao ni siquiera hubiera llegado a existir. En algún momento te contaré por qué.

El buceo es un deporte acuático basado en un sistema de compañeros. La unidad mínima para practicar el buceo es una pareja de buceadores. NUNCA se debe de bucear solo. 

Bajo la superficie, tu compañero y tú debéis funcionar como una única unidad. Siempre debes recordar que ante cualquier imprevisto, tu compañero es el primer recurso del que dispones. Y tú eres el recurso de que dispone él. Que un incidente derive o no en accidente depende básicamente de un sistema de compañeros funcional. Si el sistema de compañeros falla puede llegar la tragedia. Suena muy fuerte pero así es.

Actualmente, el buceo es un deporte muy seguro. El conocimiento que se tiene sobre los efectos del medio hiperbárico sobre el cuerpo humano es muy extenso y el material ha sido desarrollado para cumplir con unos estándares de calidad y de seguridad muy altos. No hay de qué preocuparse.

De una manera muy sintetizada podemos decir que si usamos el material apropiado y seguimos las reglas básicas establecidas es muy poco probable que podamos sufrir un accidente. Está claro que si se trata de un accidente puede ser algo fortuito y que, por lo tanto,  escapa de nuestro control.

Más allá del buceo como deporte, el buceo tiene un componente social muy fuerte. Es una actividad que une. Cuando compartes una inmersión con otros buceadores, inevitablemente se crea un vinculo. 

¿Qué quiero decir con esto?

Aunque solo sea por ese corto periodo de tiempo, todos los integrantes del grupo somos eso, un grupo, un equipo, una familia. Durante el tiempo que dura una inmersión todos vamos a una, y, a pesar de que cada uno tiene un compañero asignado, todos miramos por el bien de los demás. 

Otras veces ese vínculo momentáneo puede ser el inicio de una relación que perdurará en el tiempo. Ya sea una relación de compañeros de buceo, de amistad, de pareja o de cualquier otro tipo. 

Cuando participas en una inmersión guiada en Caballito Salao, surge el sentimiento de pertenencia a un grupo, sientes que encajas, que estás entre iguales, rodeado de otros buceadores como tú. Esa sensación de “encajar” es de las mejores sensaciones que se pueden tener en la vida. 

A pesar de que en la vida terrestre cada persona tiene sus circunstancias y su situación particular, cuando estamos con el neopreno y el equipo puesto, somos todos iguales. Somos buceadores. 

No importa ni de qué trabajas, ni qué has estudiado, ni cuánto ganas, ni qué coche tienes, ni tu situación familiar, ni tu condición sexual, ni tu estatura, ni tu peso, ni tu coeficiente intelectual, ni tus creencias, ni tu religión, ni tus ideologías… NADA. Solo importas tú como persona que bucea. Y eso es maravilloso, créeme. 

“En el fondo todos somos iguales”

 

Incluso, aunque en el grupo haya personas con diferente nivel de buceo, mayor o menor número de inmersiones, lugares visitados, a pesar de ser un grupo de lo más heterogéneo como buceadores, buceamos como una sola unidad. Somos como una familia donde los más experimentados cuidan y aconsejan a los noveles para que todos podamos disfrutar de lo que más nos gusta: bucear.

Otro aspecto del buceo del que poco se habla es del buceo como terapia. Quizás dicho así suena un poco raro y puede que nunca hayas pensado en el buceo desde este ángulo pero cuando te lo explique un poco más, seguro que estarás de acuerdo conmigo.

Por desgracia, el día a día de la mayoría de los humanos que habitamos la tierra, es estresante. Trabajos poco motivadores, o trabajos que empezaron siendo vocacionales quizás, pero con el tiempo aumentan las exigencias, menguan los recursos, aumenta la presión y al final la motivación disminuye o simplemente se desvanece. Puede que, en determinados momentos, necesitemos echar la vista atrás y recordar porqué estamos haciendo ese trabajo.

Puede que desde un inicio fuera un trabajo poco más que provisional, de esos que pensamos que solo sirven para pagar las facturas durante un tiempo y acaban durando “demasiado”. 

Lo mismo da, sea por el motivo que sea, hay muchas personas que en su día a día viven estresadas y necesitan una vía de escape para no perder la cordura y poder seguir adelante. Si te resuenan estas palabras sigue leyendo, ya te adelanto que no eres la única persona en esa situación. Seguramente cuando vayas a bucear encontrarás a muchas otras personas en una situación parecida a la tuya. 

Al final, las personas que tienen una vibración cercana, acaban coincidiendo en algún sitio. Eso que se dice de estar en la misma onda.. pues cuando buceas pasa lo mismo. Coincides con otras personas con las que descubres que tienen más cosas en común que un simple deporte acuático.

El buceo te permite desconectar del mundo exterior y re-conectar contigo mismo. No solo te lo permite sino que casi es inevitable que ocurra. Cuando nos sumergimos, estamos pendientes de nuestra posición corporal, nos escuchamos la respiración y puede que tratemos de reconducirla hacia una respiración más profunda y pausada. El simple hecho de prestar atención a nuestra respiración y a lo que sentimos en nuestro cuerpo ya es suficiente para ESTAR en el momento presente.

Cuando buceas entras en un estado muy parecido al que se busca practicando la meditación. Con la ventaja de que bajo la superficie prácticamente pasa solo, no puedes evitarlo, simplemente sucede.

Seguro que alguna vez has oido hablar de la meditación. De alguien que está aprendiendo o alguien que quiere aprender y comentan lo complicado que resulta al principio. No sabemos estar “sin hacer nada”. Dejar la mente en blanco parece una misión imposible porque no paran de venir pensamientos a tu cabeza. Que si la lista de la compra, que si tal día toca limpieza a fondo, que si el cole de los niños, que si las extraescolares, que si la cena familiar, que si el cumpleaños de no sé quien… un sin fin de pensamientos que no te lo dejan fácil cuando quieres empezar a meditar.

Con paciencia y mucha práctica, con el tiempo, cada vez resulta más fácil dejar a un lado todo ese bullicio mental y concentrarte en lo que quieres conseguir: sentir que estás en el momento presente: AQUÍ y AHORA. 

Pues bien, eso que tanto esfuerzo supone cuando estás empezando en el mundo de la meditación, buceando es inevitable.

No te voy a decir que justo cuando acabas tu curso de Open Water vayas a sentir eso en tu primera inmersión, probablemente no. Pero sí que a medida que vas ganando experiencia y mientras disfrutas del maravilloso mundo sumergido, casi sin darte cuenta un día sucede.

En realidad, me atrevería a decir que desde la primera inmersión, incluso en tu bautizo de buceo, sin tener ninguna experiencia previa buceando, seguro que hay un momento, aunque solo sean unos minutos, que estás tan pendiente de tu cuerpo y de tu respiración que ya se crea esa re-conexión contigo mismo por primera vez.

Y es esa primera experiencia la que marca un antes y un después. Es ese el punto de inflexión. El mar te ha atrapado. Por eso, de cachondeo, siempre se dice que lo único malo que tiene el buceo es que engancha. Y así es. 

Desde la primera vez que sientes ese estado de desconexión del mundanal ruido exterior y re-conectas con lo realmente importante, el momento presente, ya está. Vas a querer volver a sentirlo una y otra vez.

¡OJO!

Que a todo esto hay que sumarle algo más… recuerda que mientras buceamos disfrutamos de un paisaje totalmente diferente a lo que acostumbramos a ver cada día. Nos auto invitamos en el hogar de criaturas sorprendentes. Que nos acogen y nos respetan como invitados que somos. A veces les puede la curiosidad y llegan a acercarse más de lo que podríamos considerar “normal”. Así son. 

Bajo la superficie todo es posible. Nunca podrás saber que te depara Neptuno hasta que pasa.

Puede que nunca antes te hubieran hablado del buceo más allá de ser un deporte acuático para ver peces y viajar por todo el mundo descubriendo el mundo sumergido.

En cualquier caso, si ya buceas pues qué te voy a contar lo más probable es que estés de acuerdo en todo lo que te cuento del buceo. Y si aún no buceas, no puedo más que animarte a probarlo y descubrir en primera persona todo lo que te espera bajo la superficie, por su puesto te espero en Caballito Salao.

Recuerda que el 70% de nuestro planeta está cubierto de agua y solo los buceadores tenemos la oportunidad de poder disfrutarlo. 

¿Te vienes?

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